sábado, 18 de septiembre de 2010

Masacre de Margarita Belén. Juicio oral-Día 27

El médico de los certificados de defunción sin autopsia

Se trata de Héctor Grillo, el médico policial acusado de haber cometido crímenes de lesa humanidad. Otro de los testigos, el ex soldado Alfredo Pegoraro casi es acusado de falso testimonio, por sus groseras contradicciones.

El ex médico policial, Héctor Grillo, ayer y hoy

La reanudación del juicio oral y público por la Masacre de Margarita Belén tuvo nuevo cruces entre las partes del proceso, con un condimento extra: la presencia de un grupo de abogados pro dictadura que recorren el país apoyando a los imputados por crímenes de lesa humanidad. La historia del día es la siguien.
El médico Héctor Orlando Grillo, ex médico de sanidad policial denunciado por su participación en torturas a presos políticos, ingresó a la sala rengueando. Se lo vio bastante demacrado, pero en ningún momento demostró nerviosismo; como era de esperarse, durante toda su declaración se ciñó a la historia oficial.

“Fui convocado para certificar el deceso de unos fallecidos que estaban en el Regimiento un lunes a última hora de mi guardia (a las 13 ó 14, aproximadamente)”. Llegó en un patrullero, no recuerda si acompañado o sólo, tampoco la autoridad que lo convocó.
Contó que vio 6 ó 7 cuerpos en el suelo, estaban vestidos, medianamente limpios, no tenían lesiones pero sí múltiples heridas de bala en abdomen y tórax. Todos eran NN. Había una mujer. No había cadáveres con balazos en la cabeza. Después de constatar todo esto, en Sanidad hizo los certificados de defunción. Como la causa de muerte “era evidente” no hizo autopsia.

Cuando se le preguntó por la posibilidad de notar un fémur quebrado sin autopsia, Grillo respondió que en caso de producirse un desvío la fractura es evidente, pero que también puede pasar desaperciba. La pregunta hacía referencia a Carlos Zamudio, asesinado en la Masacre. Zamudio tenía una fractura perimortem en el fémur izquierdo.
Este tipo de lesiones se producen en el momento circundante a la muerte, antes, o muy poco después. El golpe tiene que haber venido desde adelante, se descarta que haya sido originada por un proyectil, y revela que habría sido producida por golpe fortísimo, según las pericias realizadas por el Equipo Argentino de Antropología Forense.
-¿Usted sabía que es obligatorio hacer autopsias en caso de muerte violenta?, preguntó el abogado querellante Mario Bosch.
-No, respondió Grillo, autor de un libro sobre medicina legal, y con una dilatada trayectoria como perito.

Al borde del falso testimonio.
En 1976, Alfredo Pegoraro era un soldado raso en el Regimiento de la Liguria que se desempeñaba como chofer de la batería B del Grupo de Artillería 7.El relato de lo que pudo ver y oír la mañana del 13 de diciembre de 1976 en el Regimiento se desarrolló con avances y retrocesos, siempre al filo del artículo 275 (falso testimonio).
Lo que sucedió es que el relato de Pegoraro no coincidía con su testimonio de octubre de 2006 ante el juez de instrucción: “Cuando estuve haciendo el servicio militar en una oportunidad vi un Peugeot 404 con sangre y unos balazos de FAL, y un camión con la carrocería trasera llena de sangre”, afirmó.
Cuando se le preguntó por la permanencia de detenidos políticos en el cuartel, respondió que había visto a uno, negó haber visto o saber algo de cadáveres tendidos en hilera en el playón del Regimiento y varias veces manifestó no saber ni recordar nada más.
“Que se lea el acta de su declaración anterior porque hay dos contradicciones importantes”, solicitó Bosch. Las contradicciones más importantes eran dos: los cadáveres vistos y el número de personas detenidas.

Lo que sigue son los tramos más importantes del acta que fueron leídos por el secretario del Juzgado Federal, Francisco Randán: “…Nos enteramos de un ataque a la compañía que iba a Formosa…mormuraban que habían traído los cuerpos al playón, eran doce o trece, todos ensangrentados uno al lado del otro… después trajeron un Peugeot lleno de sangre, con muchos balazos… tenía restos de sesos en el techo…”.
Por si esto fuera poco, en el acta, Pegoraro señaló que eran tres los “civiles detenidos” en unas dependencias a la derecha del playón y a quienes después del 13 de diciembre no volvió a ver.
Ante tamaña incongruencia, el testigo en apuros reconoció que haber visto unos cuerpos en la caja de un camión, dijo que “seguro eran más de diez”, por lo que la jueza Gladys Yunes, presidenta del Tribunal Oral Federal, le pidió mayor claridad.

“Lo que usted dijo en el juzgado… ¿Porqué lo dijo? ¿Recordaba más en 2006 o lo que dice ahora se acerca más a la realidad?”, le espetó, pero Pegoraro no supo responder.
Siguieron más preguntas. Pegoraro era la imagen de la soledad, con los imputados mirándolo fijamente a su derecha, casi tan nerviosos como él, que siempre respondió a medias y en más de una ocasión, cuando quiso aclarar, oscureció más aún el panorama, a tal punto que para varios de los presentes el fantasma de un apriete al testigo sobrevoló la sala de audiencia.
Cuando la cosa no daba para más, el fiscal Germán Wiens Pinto manifestó: “En atención a la cantidad de contradicciones esta Fiscalía solicita se lea íntegramente la testimonial en base al artículo 391 inciso segundo del Código Procesal que contempla esta situación”. Y ahí comenzó el primer choque de la mañana.

“Qué masacre…”
“Me opongo, que se termine de entrevistar al testigo antes, porque de otra manera se desvirtúa el principio de inmediatez”, retrucó el abogado de la defensa Federico Carniel. Su colega Juan Manuel Costilla aportó lo suyo: “No hay que refrescar la memoria, simplemente hay contradicciones, pero esta defensa cree que el testigo dice la verdad ahora”, acotó, ante lo cual el Tribunal decidió leer la declaración por tramos y para que el testigo ratifique o manifieste recordar las cosas de manera diferente.
Comienza entonces la lectura por partes del acta en la Pegoraro refiere haber visto que un grupo de soldados y oficiales cargaban los cuerpos (antes había dicho que vio los cadáveres en el camión y nada más), que había dos chicas “completamente destrozadas” y que los soldados murmuraban “qué masacre…”.

Consultado acerca de si había visto o no soldados bajando cuerpos, el testigo reconoció que vio soldados hacerlo, pero no conocía sus identidades, porque pertenecían a otra batería.
Según la declaración del acta, los oficiales al mando de la descarga de cuerpos, eran varios, al que más recuerda es a Luis Alberto Patetta “porque era gordito y petiso”, estaba Athos Rennes, (jefe de la Compañía) y también Baguear (los dos primeros imputados en la causa). Y más contradicciones. Primero: “No los vi en el playón, los vi en la oficina”. Después: “Los ví, pero cerca del playón”.

Entonces, la jueza Yunnes le reclamó que se ponga de acuerdo consigo mismo: “Estoy asombrada pora la cantidad de contradicciones, diga la verdad por favor”. Lo siguiente fue la decisión de Tribunal de llamar a un cuarto intermedio para que el testigo refresque su memoria, después del cual se le explicó que no se lo estaba investigando, y se le preguntó si ratificaba todo lo que había declarado en la audiencia.
Pegoraro respondió que sí y se continuó con la ronda de preguntas. La distancia y el ángulo desde el cual divisó los cuerpos generó un nuevo cruce entre las partes, al punto de que casi hubo que recurrir a las grabaciones de del debate, pero la cuestión ya estaba perimida y el testigo fue desocupado. “Trate de preservar su declaración señor Pegoraro”, fue la seca despedida de la jueza Yunnes.

Abogados castrenses.
El grupo de letrados pro dictadura “Abogados por la concordia” estuvo presente en la sala; 8 señores bien trajeados y una rubia mujer de rostro algo estirado y sonrisa de botox. El jabogado Alberto Solanet, presidente de la asociación, encabezó el grupo, que confraternizó con los imputados como si fueran una gran familia.
Los hombres miraban con gesto adusto y cada tanto comentaban alguna “injusticia” para con los 9 militares imputados. Uno de ellos tenía un librito en la mano al que cada tanto acudía, como para hacer más llevadera tanta ignominia: Dante Vivo” de Giovani Papini, un escritor y poeta italiano fascista y antisemita que se recluyó en un convento franciscano de Verna cuando cayó Mussolini en 1943.

La “Asociación Civil de Abogados por la Justicia y la Concordia” fue fundada en Buenos Aires en 2009 para presionar por la libertad de los militares procesados y detenidos por crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura cívico militar.
Durante el cuarto intermedio en el balcón del Tribunal, dos letrados mantuvieron una discusión con el Chango Orellana, siempre presente. La discusión fue acalorada pero pacífica. No hubo síntesis posible. “Deje nomás, no nos vamos a poner de acuerdo”, se sinceró uno de los letrados, desistiendo de la defensa a los años de plomo y apurado por esperar el reinicio de los debates en la sala de audiencias.




Informe: Gonzalo Torres
Edición: Marcos Salomón

Fuente: Chaco Dia por Dia

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TESTIMONIOS - Presos afirmaron que cuando los bajaban sufrían brutales tormentos
La “Side santiagueña” tenía un sótano acondicionado para torturas
La reconstrucción del edificio se hizo sobre la base de datos aportados por los detenidos ante la necesidad de que se tomara una real dimensión de lo que allí vivieron.

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Durante la instrucción de la causa en las que se investiga la muerte de Cecilio Kamenetzky, varios testigos mencionaron la existencia de un sótano en el edificio del Departamento de Informaciones Policiales o también conocida como la Side santiagueña, al que eran conducidos los detenidos considerados “los más peligrosos”; una vez en el lugar, eran sometidos a crueles tormentos y torturas por parte de los represores que estaban al mando de Musa Azar Curi.
En la declaración realizada el último jueves, el arquitecto Daniel Rizzo Patrón dibujó un croquis, de la construcción ubicada en avenida Belgrano casi Alsina al lado donde el Comité de la UCR funciona actualmente. Además este dibujo, que figura en la causa, describe la distribución de los ambientes en los que se dividía el edificio donde funcionaba la DIP y en el que también fue víctima de una “golpiza brutal” en el sótano.
Rizzo Patrón relató que el día de su detención fue llevado, en primer lugar, a la escuela Industrial y de ahí fue trasladado hacia las oficinas de la Side, en el sótano lo esposaron a una silla “de esas tijeras que se usaban en los bailes” y durante cuatro días no le dieron de comer ni beber.
En ese sentido, el arquitecto contó cruentos detalles de las torturas psicológicas y físicas a las que fue sometido y reveló que “el torturador siempre empezaba a golpear en frío y que a medida que iba pegando cada vez más era como si se fuese excitando, como si llegaran al orgasmo”.

Causa
En el expediente judicial figura el testimonio de Luis Roberto Ávila Otrera, ex preso político, quien también ubicó el edificio y las torturas allí cometidas. En su declaración manifestó que en una oportunidad personal de la DIP le hizo escuchar una clase grabada de Kamenetzky acerca del marxismo, para que les explicara “algunas cosas que ellos no entendían”. Esa noche a Ávila Otrera le llamó mucho la atención el silencio y luego “por primera vez se estremeció” cuando oyó gritos, órdenes de mando y corridas hasta que un momento logró escuchar una voz que dijo “jefe, jefe por ahí va y la voz de Musa que respondió ‘dejame, dejame para mí’”.
Seguidamente, Ávila Otrera contó que se produjo la descarga de una itaka y luego de ello sintió quejidos y alaridos de dolor. “En ese momento apareció un policía, que se hacía el ‘amigable’, en la cocina y me dijo que me iban a trasladar rápido al sótano y me comentó que lo limpiaron al rusito”, relató al añadir que era “Kamenetzky, que lo mataron”.
Otro de los testimonios que surge de la investigación es el de Cristina Torres, quien contó que en el sótano de la DIP, Musa Azar Curi le dijo que debía reconocer todo de lo que se le acusaba y que si no lo hacía le pasaría “lo mismo que a éste”, mostrándole el estado en que se encontraba Mario Giribaldi, junto a otra personas que luego se enteró que era Kamenetzky.
En esa documentación, dejó asentado que al día siguiente fue sacada del sótano y llevada a una habitación contigua con otros detenidos, entre ellos Giribaldi y Kamenetzky, a quien conoció en ese momento. “Tenía 18 años, estaba en buen estado físico y esperanzado en ser legalizado”, contó.
A diferencia de Cecilio, relató que “Giribaldi estaba muy deteriorado, con llagas en las muñecas y tobillos, casi sin pestañas ni cejas” y que le dijo que “era por haber estado vendado mucho tiempo”, con las uñas de los pies y de las manos lastimadas de “forma impresionante”.
Unos días después, Musa Azar Curi la llevó a su despacho, en la sede de la DIP, y le dijo que los tres -por órdenes superiores- iban a ser llevados a un campo a Tucumán. “Nos subieron a un vehículo, nos vuelven a vendar y me sacan un anillo y el reloj, pero el auto finalmente no salió porque no tenía vale para nafta”, declaró.
Luego la retiraron del vehículo, vino nuevamente Musa Azar Curi y le dijo que a ella “no la iban a llevar y que volviera al Penal”.


Testimonio clave

Pero no solo los presos políticos narraron las situaciones de tormentos. Delia Myriam Carreras de Gómez, fue numeraria del Departamento de Informaciones Policiales, y contó ante la Jefatura de Policía, el 25 de junio del año 1985, cómo en aquel entonces, pudo observar “la presencia de numerosas personas detenidas, entre ellas al ciudadano Mario Giribaldi al que únicamente lo conocía de vista, y que fue sacado del Departamento por Musa, “Pirulo” Garbi y Ramiro López Veloso”. Aunque no supo el destino de Giribaldi, Delia dijo que “lo hicieron desaparecer, haciendo figurar a posteriori la evasión”.

El sótano del horror

La entonces policía recordó además que los detenidos en la también denominada Side santiagueña, sabían que iban a sufrir tormentos cuando sus torturadores les avisaban que iban a ser llevados al sótano del edificio. “Los detenidos peligrosos eran llevados a un sótano, pude observar torturas a las que se los sometía”, atestiguó Carreras de Gómez, quien específicamente dijo que vio cómo lo pegaban a Giribaldi. “Le asestaban golpes de puño. El escenario de los hechos era el famoso sótano”, dejó constancia en su exposición.
En su declaración que figura en los expedientes judiciales, señaló que este hecho ocurrió a la medianoche, dos días antes de “hacerlo desaparecer a Giribaldi”, y que fue testigo presencial porque ella estaba de guardia. “Giribaldi se había fugado y lograron encontrarlo, el mismo fue brutalmente sometido a tormentos, acto que se llevaba a cabo en el sótano, en consecuencia durante el día no le daban de comer y era considerado peligroso”, consignó.

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DIPUTADA NACIONAL - Dijo que Azar Curi manejaba un aparato represivo aun en democracia
Diana Conti: “Hoy en Santiago del Estero se respira aire de libertad”
Estuvo en Santiago para dar una charla sobre los “Desafíos de la Justicia” en Casa de Gobierno y expresar su apoyo a la realización del juicio por el crimen de Kamenetzky.
Posición. La ex secretaria de Derechos Humanos de la Nación sostuvo que los condenados por delitos de lesa humanidad tienen que ir a “cárcel común”. Disertó en Casa de Gobierno.
“Vine varias veces a Santiago y ahora la veo linda, se nota que hicieron muchas cosas. Además, hoy se respira aire de libertad”, lanzó Diana Conti, diputada nacional del kirchnerismo, durante un diálogo que mantuvo con EL LIBERAL. Es que recordó que en plena democracia, ella estaba al frente de la Secretaría de Derechos Humanos en el gobierno de la Alianza, y que sabía que Musa Azar Curi manejaba un aparato “represivo”.
Incluso reveló que cuando ella venía a Santiago en función de su cargo, Musa le hacía saber a través de señales o mensajes cifrados, que sabía de todos sus movimientos y que tenía gente en todos los lugares que estuvo.
Conti llegó a la provincia para dar su apoyo a la realización del juicio por el crimen de Cecilio Kamenetzky, el primero de lesa humanidad en la jurisdicción, algo que rescató de sobremanera. “Creo que es muy sano para Santiago y su población que este juicio se realice y que tengan en el banquillo de los acusados por delitos de lesa humanidad a quien también durante muchos años de la democracia, siguió controlando el aparato estatal que para mi gusto era represivo”, dijo al referirse a Musa Azar Curi.

Intacto
Sostuvo que el largo tiempo transcurrido, casi 34 años, para que se concrete el proceso oral por el asesinato de Cecilio Kamenetzky, se debió a dos motivos: El primero, fueron las leyes de impunidad y los indultos. El restante, a que “aún en democracia, el aparato dictatorial se mantuvo prácticamente intacto”.
“Esto generó –opinó- una falta de desarrollo del pueblo de Santiago, de su gente”. Por ello consideró “muy sano y lógico que ahora un gobierno elegido popularmente, adhiera y respete el valor de que se realice este juicio porque incluso va a hacer que los que están en desacuerdo, reflexionen y sepan que nunca más la Argentina va a ser gobernada por quien no defiende los intereses de todos, en búsqueda de libertad e igualdad a la vez”.
Por último, ante el debate sobre si los represores deben ir a cárcel común o tener un régimen especial de reclusión, Conti fue tajante: “Tienen que ir a una cárcel común; ahora, por supuesto, cada juez se hará cargo de cómo dispone de su detenido”.
Fuente: El Liberal

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